ANGELITA

Angelita

     A pesar de que a más de uno pueda sorprender, no hacen falta fusiones extravagantes, marcas blancas de alguna estrella o miles de reseñas en las revistas que dictan tendencia para encontrar lugares en los que pasar un buen rato; con la gastronomía como excusa, por supuesto. Y no, tampoco hace falta apelar a rancios rincones o templos sólo para iniciados. Puede que las tabernas de nuestros días se tengan que vestir de hipster, parece el signo de nuestros tiempos, y en el fondo algo nos gusta a todos; pero incluso las barbas más pobladas prefieren la comida fresca y de calidad a los platos fotocopiados que se reparten al por mayor. O al menos así prefiero pensarlo.

     Un local agradable y decorado conforme al gusto contemporáneo, una cocina de temporada y huerta que respira honestidad y una selección de vinos tan personal como inusual componen la fórmula de Angelita. Una receta sencilla y eficaz que llena sus mesas día tras día, gracias en parte a un ticket medio sorprendentemente contenido para como esta Madrid actualmente. La barra de vinos para un aperitivo o un trago de entre horas tampoco tiene desperdicio.

     Sin perder de vista lo bien armada de su propuesta culinaria, no hay que olvidar que Angelita es ante todo un bar de vinos. Un refugio para los amantes de esta noble bebida de corte intelectual y que tan maltratada se encuentra por la mayoría de hosteleros de nuestro país. Si bien muchos de ellos han realizado incomprensibles esfuerzos por hacerse con ingredientes completamente ajenos a nuestra gastronomía e importar las fusiones más estrafalarias, sus cartas de vinos siguen ciñéndose a los sospechosos habituales (Luis Cañas, Carrovejas y cía.); afortunadamente en Angelita van a contracorriente. Una carta que se renueva de acuerdo a mercado y temporada, con predominio de productos nacionales y alguna licencia a la fusión en las elaboraciones, se complementa con una carta de vinos bien armada y erudita de un sinfín de regiones. Entre los grandes atractivos de Angelita esta la posibilidad de beberse la bodega a copas, pudiendo probar numerosos vinos de nivel en una misma cena y así hacer las veladas (y las compañías) más interesantes. Merece mención la labor didáctica que realiza el equipo de sala explicando el vino que sirve a cada uno de los comensales, más allá de la protocolaria lectura de la etiqueta. Algunos de los grandes descubrimientos que me han brindado estas copas: los vinos de La Sorga, del bodeguero Antony Tortul y enclavados en la zona del Languedoc, y los del Domaine Michel Lafarge en Borgoña. Guardo muy buen recuerdo de ambos.

     Y para aquellos no iniciados todo lo demás, a saber una carta ligera y comedida que apuesta por productos seleccionados de la tierra y algunas piezas de mar. Entre los clásicos el pisto de tomate OX, yema de corral y puntilla; sabor natural el que presentan las verduras, unas patatas moradas como toque distintivo y la yema de huevo que liga un conjunto recomendable. También con yema un carpaccio de portobello (champiñones), parmesano y almendras. La apuesta es clara por unos productos base de calidad, sin demasiado tratamiento en cocina, en los que no se resta protagonismo a la frescura del producto, toques divertidos a modo de guarniciones/complementos y recetas reconocibles para el comensal. Si el formato de carta posee ya de por sí una rotación interesante que le da la estacionalidad, a ello hay que sumar los fueras de carta que ofrece el mercado a diario, en muchos casos imprescindibles.

 

Dirección:

Calle Reina, 4, 28004 Madrid