El mesón de Fuencarral

El mesón de Fuencarral

     Algo más de ochenta años, una guerra civil, y tres generaciones familiares han pasado por las cocinas de este clásico mesón de corte tradicional, El mesón de Fuencarral. Un espacio que antaño fue venta para caminantes, refugio para milicianos, y hoy permanece impertérrito en las inmediaciones de la Universidad Autónoma de Madrid. Este antiguo caserío ha llegado hasta nuestros días gracias a sucesivas reformas que han mantenido las instalaciones sin perder un ápice de un entrañable encanto nostálgico que se percibe en cada rincón. Visitantes, comensales, conocidos y amigos han poblado sus mesas a lo largo del tiempo. Pocos son los madrileños que no guardan algún recuerdo de este restaurante a las afueras de la gran urbe.

     Hoy en día nadie duda que vivimos tiempos de cambio. Algunos más fuertes, otros más rápidos, y prácticamente ninguno predecible. En este contexto cada vez más personas se afanan por descubrir la raíz de esos cambios, las implicaciones de cada uno de ellos en el individuo. Cada uno dibuja sus escenarios futuros con hipótesis de todo tipo. Hace no mucho conversaba con una persona afilada y reflexiva acerca de estos temas. Con el devenir de la tertulia y al abordarle sobre los orígenes y definiciones de cada uno de estos grandes cambios en los que estamos inmersos el me contestó de manera sencilla a la vez que clarividente:

     - En momentos de cambio, en los que todo el mundo se apresura a identificar y catalogar todas y cada una de estas transformaciones, en las que la atención se centra sobre estas cuestiones; es quizás en estos momentos cuando lo realmente importante, lo verdaderamente valioso, sea descubrir cuales son las cosas que nunca cambian en el ser humano, aquello que permanece invariable.

     Este mesón tiene mucho que decir sobre esta sabia actitud de valorar el paso del tiempo sobre las cosas, acerca de alejarse en la medida de lo posible de las vorágines pasajeras. Lograr que los platos, los productos, sepan de la misma forma que hace cincuenta años requiere de gran esfuerzo y dedicación. Adaptarse y actualizarse para que en el fondo nada cambie.

     El gazpacho se elabora como antaño, cortando los ingredientes a mano, en contra de unos paladares que cada vez buscan más la textura licuada en esta receta tan nuestra. La escrupulosidad en la transmisión de las recetas es uno de los grandes valores de este mesón al mismo tiempo que uno de sus mayores atractivos. Todas las ensaladas y entrantes vegetales se realizan con productos de la huerta de la máxima frescura, algo que se percibe desde el primer bocado. Gran atención merecen las carnes, dónde se trabaja con productores seleccionados, pues es ahí donde varían en mayor medida los resultados de estos platos. En este caso la oferta es excelente. La paletilla de lechal, el cochinillo de Segovia (con denominación de origen), el solomillo o un fantástico secreto ibérico son sólo algunos de los tesoros cárnicos que guarda este restaurante y que tanto representan a la comida castellana.

     La selección de postres, todos caseros, recoge principalmente elaboraciones a base de lácteos y muy arraigadas en la cocina nacional. La leche frita, el arroz con leche o la cuajada se presentan en perfectas condiciones y con todos los matices característicos de estas recetas. Además de todas las bondades que se desprenden de lo anteriormente citado, la mayor parte de la carta se replica en una versión para celiacos. Un proceso que debido a su sensibilidad se cuida hasta el extremo con zonas y utensilios bien diferenciadas dentro de la cocina. Una oferta de más de treinta platos que no tiene prácticamente comparación en la capital.

     El mesón de Fuencarral ofrece una cocina de siempre, accesible a todos los públicos, en la que el producto y el servicio se caracterizan por una decidida continuidad a lo largo de los años. Todos ellos mimbres de una manera particular de entender la gastronomía. Una visión que a pesar de no ser tan mediática como otras, no le resta un ápice de su necesidad y disfrute.

 

Dirección:

Carretera de Colmenar Viejo Km 14,500, 28049 Madrid