Restaurante Pablo

Restaurante Pablo

     Existen restaurantes especiales, que sin saber muy bien porqué, nos apropiamos de ellos y los convertimos inconscientemente en nuestros. Cada cual tiene un puñado diferente de esos lugares que ha convertido en propios por razones ampliamente variadas. Lugares destacados en nuestro recuerdo con la firme voluntad de convertir en habituales con el paso del tiempo. No es necesario que sean los más famosos, los más guapos ni los más altos, estos rincones conectan con cada uno de nosotros a otros niveles de estimulación y de esa manera los convertimos inmediatamente en parajes especiales. Para mí, Restaurante Pablo es uno de esos lugares.

     Paz y sosiego imperan en un amplio y cómodo silencio que abarrota la sala. Un silencio que reconforta y repara los golpes del atronador ruido diario. La amplitud de la sala… la luz tan bien entendida, la separación entre las mesas… la intimidad en cada una de ellas… Virtudes que suenan desconocidas a la gastronomía de hoy, incluso a la más alta. Un espacio confortable para el comensal y que tiene en la tranquilidad y comodidad de este sus dos máximos objetivos. Los gestos mínimos para asegurar el máximo bienestar.

     La cocina, afinada, afilada y creativa, siempre desde la contención y sin perder de vista el sabor ni el producto. Ninguno de ellos queda enmascarado por artificios, sí bellamente vestido, engalanado para la ocasión. Respeto máximo hacia el comensal y voluntad inequívoca de agradar.

     Austeridad, precisión y elegancia en cada presentación envuelven a piezas cargadas al máximo de sabor. Llenas. Texturas desnudas que rebosan bellos aromas por cada poro, ya sea el suave y rojizo solomillo, el radiante y delicado bacalao o la pulcra y apetitosa vieira. Un concepto único sobrevuela en cada detalle, se encuentra en cada gesto: equilibrio. Equilibrio en todo. Creatividad, originalidad e innovación en elementos completamente identificables de la tradición. El producto reconocible con la justa condimentación y la discreta, y apropiada, guarnición. Grata sorpresa encontrarse una chirivía acompañando a la carne, esta raíz de semblante zanahorico que ocupaba el lugar de la patata antes de que esta última llegara a nuestro continente.

     Recorrido redondo con un gran conocimiento de los tiempos y el orden. Sucesión armónica que sacia sin volverse pesada ni incómoda. El servicio, atento y preciso en todo momento complementa sin interrumpir la velada de los comensales. En la bodega una buena selección de vinos de la tierra ideados para acompañar un único menú que el restaurante ofrece a sus visitantes. Un menú en transformación sujeto a las garantías de unas ideas claras y bien asentadas.

     Restaurante Pablo es una de esas casas en las que uno se sabe siempre bien recibido. Uno de esos lugares en los que la hospitalidad esta asegurada. Una cocina en evolución y con un largo recorrido que, en resumidas cuentas, considero oportuna, completa y apropiada.

 

Dirección:

Avenida los Cubos, 8, 24007 León