PORTA GARIBALDI

PORTAGARIBALDI

     Hay rincones que se graban a fuego en nuestra memoria. Conversaciones que repetimos una y otra vez en nuestra cabeza mientras vamos camino del trabajo. Tardes imborrables que podríamos describir con precisión quirúrgica. Relaciones imperecederas que no hace falta avivar cada fin de semana al son de los hielos. Días que recordaremos hasta el final de los nuestros y que darán sentido al resto. Libros que aparecieron en el momento preciso y en el sitio correcto y vinieron a decirnos quiénes éramos y qué íbamos a ser. Viajes que relataremos a nuestros nietos una y otra vez mientras ellos resoplan y nos miran de manera distraída. Películas que hemos visto de manera incansable y por más que las vemos, no podemos seguir evitando estremecernos en el sofá mientras esa lagrima que juramos ya no volvería a aparecer sale de los más profundo de nosotros. Una canción. Sí, justo esa.

      Por lo general a los visitantes no les suele gustar Milán. Tiene serios contrincantes en esa maravillosa bota que jamás dejaría de recorrer de un lado a otro. La ciudad eterna, un parque temático de proporciones metropolitanas en las que el turista puede volver a casa repleto de instantáneas. La renacentista Florencia con su elegante cúpula de Brunelleschi; un paseo por sus calles empedradas es como un viaje en el tiempo. El salvaje Nápoles para los más aguerridos. Venecia, Palermo o Padua. Il passeggio al caer la tarde por las calles de Como. Verona, de ella siempre estaré enamorado como el primer día.

     Milán deja frio al visitante primerizo. Expectativas erróneas o simplemente una ciudad que ha elegido vivir su vida sin claudicar ante una abominable plaga llamada turismo.

      – No hay muchos monumentos, en un día se puede ver.

      ¡Testa di cazzo!

      Varios años harían falta para conocer Milán y sus gentes, años que desgraciadamente no tengo. Los que quieran ver Milán no hace falta ni que vayan, con las fotos tienen suficiente. Hay decenas de iglesias en Italia más espectaculares que Il Duomo y cientos de atractivos turísticos más interesantes que la galleria Vittorio Emanuele.

     No pierdas el tiempo, la ciudad de Milán tampoco quiere que se lo hagas perder a ella. ¿Por qué te crees que su iglesia más famosa lleva escondida tras un enjambre de andamios tanto tiempo?

     Hay dos clases de ciudades, las que se viven y las que se fotografían. Milán es de las primeras, igual que Madrid, Buenos Aires o Shanghai. A estas ciudades les importa poco las fotos de postal y las colas para visita. Me gusta esa elegancia esquiva. Prefiero los recuerdos a las instantáneas. Tantas y tan buenas conversaciones porteñas que sé que tuve y ya olvidé. Atardeceres entre bar y bar por las calles de Madrid. La noche ecléctica en la que todo puede pasar bajo la heladora nieve de Shanghai. Una simple nota que escuché en La Scala. Un rincón que hice mío, Porta Garibaldi.

     Pizza al taglio. Una de pepperoni y una jarra de cerveza. Los segundos se hacen días ante la espera de esta perfecta y adorada porción de pizza. La cerveza refresca la garganta y entona el cuerpo para presentarse ante el deseado trozo. Llevo meses, a veces años, esperando este momento. Mi rincón de Milán, un motivo para ir y un lugar que sé que jamás podrá faltar en cualquier visita a la ciudad, ya sea de días o de horas. La porción gruesa, muy gruesa. El pan es esponjoso sin caer en flacidez, hay un punto crujiente en esta suavidad bien entendida. A primera vista no se percibe la mozzarella, queda sepultada por unos trozos de pepperoni de generosas proporciones. En cada bocado, el punto picante de un embutido local, la absoluta maravilla de una mozzarella artesana que inunda la boca y un comedido crujiente final en forma de pan. Otro bocado más y un nuevo trago de cerveza. Me recuesto en la silla y mastico el tiempo para tratar de detenerlo. Sería incapaz de pensar en nada.  Mis papilas se erizan al tacto de este queso fibroso que el calor derritió y ha convertido en manjar. A mi alrededor gente elegante pasa de un lado a otro. La porción mengua y la jarra se vacía, cada vez queda menos. No quiero que se me escape ningún matiz de este momento. Potente imán que forjé en este rincón del mundo que ya hice mío.

      Esto es la pizza y esto es Milán, al menos para mí.

 

Dirección:

Corso Como, 6. Milano, Italia.