UMIKO

Umiko

            Una mierda rosa me sonríe nada más abrir la puerta. Le sonrío, no quiero parecer descortés o que se enfade sin siquiera haber abierto la boca. Los japos saben de animación, también saben algo de comida; la boñiga tridimensional, simpática y estrambótica a partes iguales, es buena anfitriona de esta nueva apertura llamada Umiko que rebosa frescura por los cuatro costados. Si bien los comienzos nunca son fáciles, algo limitado el servicio, a pesar de la buena voluntad, y algunos tiempos de espera incomprensibles entre plato y plato, el nivel de fusión japonesa que proponen, sin estar hermanada con ningún país o región concreta, resulta divertido y sorprendente. Los altibajos en el nivel de los platos hacen que todavía no pueda considerarse un restaurante de primer nivel aunque sin duda ha nacido con vocación de ello.

            La carta ofrece un gran número de nombres apetecibles, algo caóticos y posiblemente difíciles para los no iniciados (si es que queda algún no iniciado actualmente); opté por la opción más sencilla: -Denme de comer; suele ser mi preferida. Un carrusel de platos a modo de menú degustación encubierto se fue presentando ante mis ojos. Botellas de cerveza Echigo, la cual no conocía hasta ese momento, acompañarían la velada a ritmo incesante y satisfacción creciente. Miré a la boñiga y le guiñe un ojo, me devolvió una sonrisa.

            Tras unas ostras peruanas que abren la procesión sin gloria ni fracaso se aventuran los mejillones takare ume, con una salsa suave que baña unos moluscos bivalvos algo cortos de tamaño. El atún con espaguetis inicia el camino de los platos mas originales que tienen en la porra guo rong la propuesta más acertada, con una atrevida combinación de la porra de toda la vida rellena de cochinillo, polvo de gamba y lechuga que ayuda a mitigar la grasa de sus acompañantes, la cual no se hace excesivamente evidente ni resulta un problema en el conjunto de este acertado bocado.

            A la hora de los niguiris la singularidad no se queda en casa, buen nivel en términos generales, con evidentes referencias a la cocina de aquí, la española: besugo a la bilbaína, niguiri cordobés, huevo a la cubana y paella. El de paella el más desafortunado de un conjunto que destaca por el buen producto y unas combinaciones que en muchas ocasiones puede que alejen a los más puristas. El hotate jito, niguiri de viera flambeada con espuma de chirivía  y el salmonete umiko, quizás el niguiri con la morfología mas llamativa, hacen salir con la cabeza alta al conjunto de niguiris, normalmente el tercio más difícil de lidiar para cualquier japo. La calidad del producto y el corte del mismo entraña una complejidad revestida de falsa sencillez que en numerosas ocasiones puede llevar a fatales equivocaciones.

            El tuétano de vaca vieja finaliza la parte salada, sin duda los fuegos artificiales conviene dejarlos para el final, acompañado por un pan de algas y con una presentación llamativa, destaca por lo sabroso e intenso del conjunto. Al final, un buen sabor de boca tras una procesión desenfadada a la vez que trabajada de propuestas, que si bien pueden recibir matizaciones en algunos aspectos, sin lugar a dudas se deben a lo elevado de las expectativas que Umiko traslada al comensal. Nada que el tiempo y la experiencia no pueda solventar.

            Yo, y la boñiga me dio la razón tras una acalorada discusión, prefiero admitir los fallos propios de propuestas exageradamente ambiciosas, normalmente procedentes de personas capaces de llevar a cabo tales empresas, que dormirme en el aburrimiento de especialistas de lo cotidiano, por lo general propias de personas incapaces de percibir la tremenda profundidad que abarca lo sencillo.

 

Dirección:

c/los Madrazo,18. 28014, Madrid.