CHUKA

Chuka

            ¡Qué rápido pasa el tiempo!, frase de abuela que ejemplifica a la perfección la fulgurante consagración de Chuka en el panorama gastronómico madrileño. Si ayer mismo era la comidilla de los bajos fondos del mundo gastronómico; en apenas unos meses se ha convertido en una muesca obligada en todas las Notas del móvil de listas de restaurantes a los que ir. Chuka ya pertenece al olimpo foodie, y no seré yo el que se queje.

            Ramen, a día de hoy pocos quedamos que no seamos auténticos especialistas en esta versión japonesa de la sopa de fideos china. Las conferencias respecto a esta sopa se repiten a la vuelta de cada esquina. Las modas es lo que tienen, son máquinas perfectas de generar eruditos en lapsos de tiempo mínimos. Benditas ellas y lo que nos hacen reír.

            El local ahuyentaría a cualquier señora bien del Barrio de Salamanca que se precie. ¿Aquí me traes?- habrá dicho más de una vez la neófita foodie por obligación ante la elección de su novio, que le gusta ser siempre el primero en todo. Sin embargo, hay un punto desenfadado a la vez que milimétricamente calculado en la decoración, que me recuerda a esos peinados imposibles de recién levantado que duran todo el día, y que bajo ninguna circunstancia han sido dejados al azar. Al entrar en Chuka se percibe coherencia, ¡esto tiene sentido!, eso es lo que más me gusta, tiene sentido que las tabernas de ramen sean así, de hecho supongo que serán así, o mucho más cutres o no; ¿yo que sé?. No soy un especialista en ramen, no sabía ni lo que era hace unos cuantos meses, ¿qué se le va a hacer?. Vaya mierda (¿de crítico?) supongo. A pesar de todo me gusta entrar en un sitio en el que todo encaja, también me gustan las cosas que no tienen sentido, aunque a la hora de comer menos, me suelen dejar indiferente.

            La carta no es extensa pero tampoco se queda corta, bien proporcionada; los elementos fundamentales y a la vez suficientes para ser especialistas en todos ellos. Gyoza, Bao Bun y Ramen se reparten el estrellato, con diferentes versiones de cada uno de ellos. 

            El Bao Bun de pollo frito: delicioso; pese a lo que ha proliferado este tipo de pan taiwanés en todas las propuestas vestidas de asiáticas que nos bombardean, éste en concreto merece una posición diferenciada del resto, el rebozado del pollo es digno de estudio. No me gustó tanto el de cerdo, que en cualquier caso también esta bueno. 

            En cuanto al Ramen, el de Shoyu, fue el que probé, excelente. Parece raro ir a cenar a un sitio de moda especializado en sopas, menos mal que comí ramen, ¿qué podría pensar la gente de alguien que sale a cenar una vulgar sopa? La panceta de cerdo que acompaña a los fideos del ramen tiene la cantidad justa de grasa para empaparse a la perfección y dar sabor a partes iguales a un caldo de sorber y chuparse los dedos.

            El único postre que tiene, el Mochi doughnut, lo más flojo de la cena, lo cual no es razón para no probarlo, tiene su punto curioso. Cervezas japonesas y vinos por copas. Precios moderados y una gran relación calidad-precio hacen que de vez en cuando haya que armarse de paciencia, o de ganas de cenar a las ocho y media, para visitar esta taberna japonesa que tan fuertemente ha irrumpido en la escena madrileña.

 

Dirección:

c/ Echegaray, 9. 28014, Madrid.