TABERNA EL ALAMBIQUE

taberna el alambique

            Visitar la web de El Alambique es un buen ejercicio para darse cuenta que hablamos de una taberna tradicional y de toda la vida, pero no de las tradicionales y de toda la vida con community manager y diseños cuidados en sus webs y cartas, una de verdad. Un histórico de Madrid que pasa desapercibido entre agencias de comunicación, reservas online y salsas y sabores de otros continentes, que tan ajenos nos son, a pesar de habernos vuelto especialistas de la noche a la mañana en cocinas de los más insospechados rincones de este planeta. Una taberna con un atractivo especial propio de aquellos que nunca entendieron de modas y siguen su camino con estilo propio. A ratos decadente, a ratos peculiar pero siempre interesante.

            Cobre, madera y recuerdos en forma de recortes y carteles de un tiempo pasado, en los que el folklore popular es el principal protagonista, cubren un par de salones en la planta baja de una esquina de la calle Fúcar. Taberna de parroquia que atiende como a uno más a cualquier forastero que se deja caer por sus viejas sillas oscuras.

            No solo de recuerdos se vive o eso dicen, en cualquier caso poco me tendría que interesar una taberna que vive de fotos y tiempos pasados, como en algún que otro mesón de corte distinguido pasa a día de hoy, sin embargo lo más sorprendente de la vetusta taberna es la magnifica calidad de unas viandas que sirve a sus comensales a precios propios de otras épocas o lugares. En El Alambique existe una honestidad en sus elaboraciones de corte tradicional que se agradece desde el primer mordisco. Raciones generosas y abundantes que nunca renuncian al sabor de una buena materia prima.

            A mediodía ofrece un menú por diez euros que varía cada día y del que jamás he salido defraudado, siempre con platos al estilo de la casa; verduras, carnes, caldos o guisos dependiendo del día y la temporada. También se puede comer a base de su carta sin notables diferencias con respecto al precio del menú.

            Para empezar destaca por encima del resto el salmorejo, que gustará hasta a los más acérrimos detractores de la popular crema. Espeso, muy espeso con el aceite y el ajo como elementos protagonistas, las virutas de jamón siempre son agradecidas. Un pan tostado crujiente acompaña el cuenco para degustar la crema en forma de montado o como se quiera. Un imprescindible de la casa. Las croquetas también son un buen comodín para las entradas.

            Por lo general cuando se opta por la carta, la mejor manera es compartir todo, la dimensión de los platos así lo indica y no será necesario pedir un gran número de ellos, algo que los camareros siempre suelen avisar a los advenedizos, hecho que se agradece y denota profesionalidad.

            Para los principales la entraña es uno de los platos estrella y para mí lo mejor de esta taberna. Trozos de carne jugosa, poco hecha pero con un punto quemada en el exterior y con el toque de grasa propio de la entraña que convierte cada bocado en una continua sesión de trabajo para nuestras glándulas salivares. Los trozos de carne descansan sobre un abundante plato de patatas fritas no demasiado hechas y doradas a partes desiguales que se presentan como la guarnición perfecta.

            Los huevos rotos, no tan famosos como los de Lucio pero sin demasiado que envidiarles en ningún aspecto, son también una buena elección para compartir entre toda la mesa. Ración descomunal como marca de la casa. La berenjena en su versión empanada o con un poco de aceite baja el nivel respecto al resto.

            En los postres los dos flanes, el normal y uno especial que hacen con sabor a café son buenas elecciones, siendo la tarta de queso la opción más recomendable. Todos los postres son artesanales y se nota. En los vinos, a pesar de una discreta carta, lo mejor es optar por el tinto de la casa, con etiqueta propia, que marida sin desmerecer lo más mínimo el conjunto de platos.

            En resumidas cuentas, una opción barata e informal en pleno centro de Madrid, para comer muy bien a base de elaboraciones tradicionales que merece la pena (re)descubrir.

 

Dirección:

c/ Fúcar, 7. 28014, Madrid.