MIKI

Miki Restaurante

            Mi deseada y a la vez esquiva ruta gastronómica por Japón, que preparo a conciencia con El gourmet solitario a más de un año vista, no me permite valorar realmente el nivel de los japoneses a los que estoy acostumbrado o por los que me muevo, a saber: los de Madrid. Como buen amante de la gastronomía me preocupo por ir a los mejores que tengo a mi alcance, a la vez que los de nivel medio, sólo así se puede valorar de verdad el conjunto de la oferta; y los de nivel intoxicación, esos no voy por gusto, suelo ir pensando que son de nivel medio, ¿qué se le va a hacer? Eso y que la gastronomía es la cultura comestible de los países y por más que me miro al espejo no se puede decir que tenga los ojos muy rasgados, hacen que jamás me vaya a permitir emitir juicios tan arrogantes y a la vez tan entendidos y definitivos como los que suelo leer sobre los “japos”. No sé de japos, al igual que no sé de comida china ni tampoco de la congoleña, me cuesta ser un intento de aficionada en la de mi país como para meterme en semejantes arrozales.

            Al ver Jiro, Sueños de Sushi no pude fascinarme en mayor grado al contemplar la profundidad técnica que tiene lo qué hasta ese momento creía era sólo un pegote de arroz con un trozo de pescado crudo encima que se había puesto de moda gracias a Sexo en Nueva York. Después me enteré que no era tan bueno, Jiro, me refiero; o por lo menos que no era el mejor. Mi confusión en este tema es notable, aún así estudio con interés y dedicación japonés básico por las noches; si te has planteado ir a Sukiyabashi Jiro ya sabrás porqué lo hago y sino te invito a leer este interesante artículo sobre como conseguir una silla en esta barra situada en el suburbano de Tokio.

            Con esto dicho, siento un ligero cosquilleo en el estómago cuando se abren nuevas propuestas en Madrid que elevan el nivel del panorama existente; al ver una buena carta de sakes se me eriza la piel. Adoro el sake. Y últimamente se han abierto varias que desde luego han supuesto un paso al frente y contribuyen a crear una oferta de calidad y variada que no dependa en exclusiva de Kabuki, en lo que a japos se refiere.

            Miki viene de la mano de Hiroo Miki, tiene sentido, fundador de Miyama que abre proyecto en solitario en un local reducido pero correcto en el que el protagonista son sus elaboraciones. Servicio atento y predispuesto que lamentablemente no puede hacer más con unos tiempos de cocina algo largos que se deberían pulir. Carta variada y fresca que se liga a base de toques creativos en elaboraciones tradicionales con alguna que otra propuesta más atrevida. Unas vieiras con setas y unos espárragos verdes para completar la elaboración que sin duda se sitúan entre lo mejor de la comida. El corte de los pescados y la materia prima de los mismos es un hilo conductor esencial que mantiene la velada en un nivel muy alto en todo momento. Sashimi, nigiris y makis  en los que ninguna pieza desentona. Especial atención merece el nigiri de anguila y los especiales del chef en versión ahumada, completamente desconcertantes. Postres discretos.

            Mucho más recomendable para cenar que para comer ya que puedes pedirte media carta y no salir lleno, no es un problema de Miki, es un problema de los japos, a los que les sacamos por lo general unos cuantos kilos y un par de cabezas. Por último, y como siempre me pasa, me sigue pareciendo una pena el elevado precio del sake; por un lado se le priva al público en general de una bebida espectacular y sutil que ya de por sí le es desconocida, que hace del sushi y sus variantes unos alimentos completamente diferentes a los que estamos acostumbrados y por el otro se les fuerza involuntariamente a pedir unos vinos que son completamente ajenos a esta cultura y no hacen más que lavar y anular unos sabores que ya de por sí nos cuesta apreciar debido al origen de nuestros paladares.

Dirección:

c/ Duque de Sevilla 4, 28002, Madrid.