LA GORDA

La Gorda

     La vida suele ser un camino incierto. Escarpado, serpenteante, enrevesado, y/o a veces cíclico. Cada uno tiene, ¿o elige? el suyo. El de Carmen Delgado, más conocida como la Gorda, y Félix Martín podría decirse que ha sido de ida y vuelta. Un recorrido entre las dos orillas del Atlántico por el que ha discurrido una vida con la gastronomía como único bártulo. Hace más de veinticinco años llegó la Gorda a Madrid. Inicios duros y un halo de esperanza en forma de humilde restaurante que se abrió un hueco en La Latina. Uno de los primeros peruanos que abrió en Madrid, restaurante revelación para El Mundo en 2004, y las mejores críticas de las más eminentes plumas gastronómicas que uno se pueda imaginar. Este camino lo relata de manera afable pero solemne Félix, su pareja, entre un pisco, otro plato y sin descuidar a las mesas de españoles refugiados en esta embajada patria en Lima. - Empezamos a hacer pisco sour en Madrid cuando de aquella nadie lo conocía, era muy difícil encontrar botellas de pisco, igual sólo había una marca y de vez en cuando, hoy es más fácil. A la gente le encantaba, ¡se cogían unas…! - relata Félix mientras echa la vista atrás. Félix es lo único que se llevo Carmen a Perú cuando decidió volver a su tierra en 2013. Él a cargo de la sala, ella de los fogones. Cada uno de lo que sabe y como siempre han funcionado. La tierra tira mucho y ella quería volver, me cuenta cuando le pregunto por la razón del último traslado.

     Si en Madrid se esforzó por descubrir la gastronomía peruana a unos urbanitas que no mucho sabían del país andino y menos aún de su gastronomía, no, de aquella no había ni boom gastronómico ni Perú estaba de moda; ahora, en la otra orilla, ofrece lo mejor de la cocina española a un público algo desinteresado por nuestros mejores sabores, sí, aunque no lo crean el ombligo del mundo no es la gastronomía española. La cocina de La Gorda siempre ha tendido puentes entre los dos países, quizás desde el lado que creía más oportuno, que nunca ha sido el más fácil. Un peruano en Madrid y ahora un español en Lima. ¿Cuánto es el descorche?, pregunta un padre de familia que lleva varios minutos inspeccionando la carta y finalmente se decide a entrar. Félix me cuenta que es habitual en Perú que cada uno lleve la botella de su casa y sólo se pague por el derecho a consumirla y los vasos prestados, a veces ni eso. El tipo sale y no vuelve. La gastronomía de postín, buenas maneras y ambiente refinado que aparece en las mejores listas del mundo no llega al limeño de a pie. En la hostelería que hay por debajo la batalla se libra en otros frentes.

     Una cocina casera, sencilla y cercana con una gran carga de ingenio. Los productos, difíciles de encontrar en el país, son del mejor nivel que se puede conseguir en esa orilla, no del que ellos querrían pero tampoco son un lastre. Un tiradito de tomate con aceite de oliva resulta en un manjar inverosímil debido a su manifiesta sencillez. Refrescante, ligero y muy mediterráneo. Un guiño al sur. Unos buenos pimientos de Piquillio rellenos de carne que aciertan a matar el gusanillo de la distancia. Ración de croquetas discreta que desmerece el resto de la oferta.

     Al igual que el tiradito de tomate, el nivel sube bruscamente con unos tortellini de queso manchego con membrillo que se convierten en lo más destacado de la comida. El marcado sabor del queso lidera un camino en el que le acompaña la suavidad de una pasta bien elaborada y un refrescante y comedido regusto final que aporta el membrillo. Y es que es en estas recetas aparentemente sencillas de no muchos ingredientes, que podrían parecer evidentes, dónde más agudamente se marcan las virtudes de esta notable y experimentada cocinera. Es en los terrenos de lo cotidiano, de lo habitual, dónde todo parece estar escrito, dónde la Gorda sorprende con elaboraciones deliciosas y gestadas desde una evidente sabiduría gastronómica.

     Seguiría un magret de pato no demasiado emocionante y unos postres caseros en los que destacó un buen tiramisú. Todo acompañado por los pisco sour de Félix que hicieron de las suyas a medida que avanzaba la comida. La Gorda es un refugio de la cocina mediterránea en el corazón de Miraflores que presenta una oferta sabrosa y sorprendente elaborada desde la humildad y la dedicación de toda una vida. Una segunda casa para muchos españoles que residen en Lima y que le piden incansablemente a Carmen todos los domingos que haga paella. Ella cocina, Félix atiende, y los no tan jóvenes expatriados charlan sobre los siempre pospuestos planes de regreso.

 

Dirección:

c/ General Borgoño 286, Miraflores 15074. Lima, Perú.