ASKUA BARRA

Askua Barra

     Desde Valencia nos llega esta necesaria sucursal al centro mismo de Madrid. El local discreto y la falta de bombo y platillo al que solemos estar acostumbrados no debe ser impedimento para que cualquier paladar curioso y estómago agradecido que se precie, se pase a disfrutar de esta propuesta. En AskuaBarra el producto es lo importante, una barrera infranqueable desde la que construir hacia adelante, un dique de contención a base de materia prima de calidad innegociable.

     Decoración austera, alejada de los típicos sitios de moda, algo de industrial, algo de localen construcción todavía; es verdad, como me decía un amigo hace no mucho, que el público de Madrid busca principalmente un sitio mono y la comida... pues bueno, la comida Dios dirá. Razón no le faltaba a éste, mi ilustrado amigo, comparto su juicio y más allá de parecer una opinión personal no hay mucho más que repasar los locales que abarrotan los fines de semana sus bien decoradas mesas. El cliente madrileño ha sido más de estómago lleno y reposaderas descansadas que de paladar afilado y mente abierta. Quizás porque nuestra mayor aportación a la gastronomía sea un atribuido cocido que no es más que una versión del pot francés, el bollito italiano o una de las muchas ramificaciones que esta elaboración tiene a lo largo de todo nuestro país.

     Deliciosas y espumosas son sus croquetas de rabo de toro que no deben faltar bajo ningún concepto para iniciar la velada. Buenas las cocochas, bien elaboradas y ciertamente sabrosas. De la carne no hay más que aplaudir el buen trato que se le da, cuando hay buena materia no es necesario mucho más, un lomo alto cocinado lo justo y con una reseñable guarnición de patatas fritas que no se dejan al azar como suele ser habitual; finas y crujientes, como mandan los cánones.

     Mención especial y última requiere el (casi) ya famoso steak tartare. Los madrileños llevamos la chulería en la sangre y es casi imposible encontrar un restaurante en Madrid que no sirva steak tartare y no jure y perjure que es el mejor de la capital, de hecho, a pesar de que seguramente no lo sea, si no lo hace no recomendaría comerlo ni al más atrevido de los aventureros gastronómicos. Sin embargo no recuerdo uno que en tan poco tiempo y tan unánimemente se este haciendo con este cetro de manera tan merecida. Generosos trozos de carne bien picados, tosta crujiente sobre la que descansa el crudo conjunto, que le da un agradecido contraste, y una condimentación sabia y austera con el punto justo de picante que todo buen steak necesita. Ciertamente imprescindible.

 

Dirección:

c/ Arlaban, 7, 28014, Madrid.