Sala de Despiece

Sala de Despiece

     Uno de los hits de la temporada. Si hiciste cola en Nakeima, te mueres por ir a Chuka y fuiste el primero en hablarle a tus amigos de Bacira, seguramente ya habrás ido hace tiempo a Sala de Despiece y si no, estás tardando. Hay mucha gente que se pelea por ser el primero en ir al último, y en este caso, hay ya mucha gente que se ha peleado en el último sitio de moda de nuestra amada capital. Las modas por su propia razón de ser, son efímeras y por lo que la experiencia nos dice incómodas. Podemos resumirlas de manera burda en tres aspectos: espectáculo, impacto y brevedad. 

    Espectáculo: Camareros vestidos de cirujano y con pinta de asesinos en serie. Local decorado como su propio nombre indica, una sala de despiece, muy original. El último sitio en el que cualquier persona razonable podría pensar en comer, y es que las modas, en el fondo, necesitan ser incomprensibles, precisamente porqué sino no generarían novedad, a cualquiera se les podría ocurrir y nadie les prestaría atención. Los primeros curiosos, deslumbrados ante lo extraño atraerán a los siguientes hasta crear una aglomeración de proporciones urbanas.

    Impacto: Cuanto más fuera de lugar te pille mejor, en este caso, como cualquier tumulto que se precie, te encontrará de pie y en medio de un carrusel de empujones colectivos. En este panorama te preocuparás por tus enseres personales, mantener la conversación con tu acompañante, disputar una encarnizada guerra psicológica y posterior batalla por alguno de los contados taburetes en los que sentarte y si posteriormente te queda tiempo, quizás y sólo quizás, te preocupes por conseguir y mantener algo de comida. Elaboraciones poco elaboradas y de rápida ingesta en las que predominan los alimentos crudos y los acompañamientos vistosos. Destaca el chuletón cenital de manera notable por encima del resto. Los vinos cumplen, pero tampoco se les puede pedir más porqué no es un restaurante al uso.

    Brevedad: La rapidez con la que se suceden los acontecimientos es un triunfo para ambas partes. Por un lado los fugaces comensales desearán a los pocos minutos de haber entrado abandonar el ruidoso a la vez que incómodo local. Los sabios dueños verán cumplido y confirmado a cada ciclo un plan de negocio perfectamente diseñado para una sociedad ávida de novedades.

    En definitiva, las modas me gustan, algunas más que otras, las contemplo con el placer del curioso. Sin embargo como modas que son, al menos a mi entender, las observo externamente y jamás las adoptare como algo permanente. Por ser modas les perdono la incomodidad y les aplaudo la más que decente comida que ofrecen mientras contemplo la atractiva performance, con una relación calidad-precio muy destacable que ayuda a comprender parte de su éxito. La gastronomía de a pie y el tapeo están explorando nuevos caminos que sin duda se agradecen aunque lamentablemente no debería ser a costa de unos niveles mínimos de comodidad.

 

Dirección:

c/ Ponzano, 11, 28010, Madrid.