Bacira

            Esta de moda y todavía no se ha puesto de moda. Algo incomprensible, pero la saturación y lista de espera que puede llegar a tener, si todo sigue como hasta hora, puede alcanzar los insanos niveles de Triciclo o Nakeima. Comida fusión, lugar de encuentro entre Asia y América, directa, muy directa, sin indescifrables elaboraciones pero con una acertada precisión en cada uno de los ingredientes y en cómo funcionan en conjunto. Hay guiños nacionales y al mediterráneo. En dos líneas ya hemos abarcado más de la mitad del globo, y si algún pero he de poner es que el tiro no esta muy centrado. La cocina fusión es un arma de doble filo, pues aunque cabe todo, teóricamente, en ocasiones se convierte en una cocina sin intención y con un poco de cada. No es el caso estrictamente, y el saber hacer de los cocineros hace olvidar estos detalles, que sin duda es algo injusto exigir a un restaurante de tan reciente inauguración, pero a los que apuntan alto se les exige desde el primer día, y Bacira va a por todas.

            El servicio flojo, lento, aunque no preocupante, algunos detalles de caos organizativo que si inquietan. La carta de vinos sorprende, se nota el trabajo que hay detrás, realizada con gran acierto. Me gustó la anguila ahumada, me sorprendieron las albóndigas y me dejo ciertamente indiferente el steak tartare. Bacira es uno de los hits de la temporada, ha enamorado a los foodies de la capital, que llenan sus mesas a diario, sin embargo tiene un gran margen de mejora y debe aprovecharlo, pues el potencial es inmenso a tenor de sus comienzos.