Casa Julio

Casa Julio

        Dicen que las mejores croquetas de Madrid se sirven en Casa Julio, con las croquetas pasa lo mismo que con los jugadores de mus, todos son campeones del mundo pero a la hora de la verdad las cosas no están tan claras, todos los fanfarrones de los prolegómenos tienen que dar muchas gracias de que no exista una lista irrefutable, aunque es justo decir que el mundo sería más aburrido si esas listas existiesen; con la de las croquetas por su parte veremos más adelante si se puede hacer algo, en algún artículo próximo.

        Casa Julio es mucho más que unas croquetas, personalmente sus croquetas no me parecen excepcionales, a un nivel sobre la media puede que si, pero es que hay mucha competencia; esta taberna de barrio es un lugar único en otros aspectos, un estilo y un ambiente propio que le ha convertido en uno de esos lugares de culto que generan fieles incondicionales, permanentemente a rebosar pero profundamente desconocidos para el gran público. Hacerse con un sitio del pequeño local, para entre empujones y camisetas sudorosas degustar alguno de sus platos típicos, supone una labor casi heroica según avanza la semana, y se torna en misión imposible al llegar el final de ésta.

        Por su estrecha barra han pasado ilustres personalidades, desde Saramago hasta U2, personajes que adornan a través de recortes de prensa y fotografías las paredes de esta tasca. Casa Julio es el lugar de culto por definición, y lo es porque es imposible explicarle a un extraño porqué te gusta este lugar. ¿Quién es capaz de explicar a un profano lo perturbador de los escenarios y situaciones de Lynch, la inimitable atmósfera de las películas de Tarkovsky o la colosal imaginación de Miyazaki cuando otros solo ven extravagancias, metrajes infinitos o unos simples dibujo animados? Este tipo de lugares no requieren de explicación ni debería darla nadie, pues conectan con nuestra parte más personal, subjetiva y alejada de los criterios de la razón que anida en nuestro interior, habla de identidad, y ahí precisamente es dónde radica toda su magia. Para mí, Casa Julio es un reflejo de Madrid; tradicional, castizo y abierto al mundo. Un lugar que me recuerda que todos somos de barrio y que pocas cosas hay mejores que una caña y unas bravas.